domingo, 28 de abril de 2013

Tres chicos y un camino




Resumen:

    El solo quería curar a su madre pero termino conociendo la verdad de esas “historias ficticias”

Clasificación: PG
Genero:Universo alterno
Categoria:General
Notas de Autor: Lo escribí para un concurso de la escuela




Un  día sábado circulaba por la panamericana sur en mi coche, había decidido pasear por las carreteras  que tenían una cercanía a las playas dándome un paisaje agradable y mas porque esta conectaba a diferentes lugares como alguna vez lo hizo Qhapaq Ñah en los tiempos incaicos que unían pueblos con otros…
Pero hace mucho tiempo antes del nacimiento del imperio incaico, cuando aun las culturas pre-colombinas aun se desarrollaban pero de una forma individual y poco colectiva.
Las personas de ese tiempo subsistían de lo que había a su alrededor y esa información eran  compartido a sus descendientes y ellos a los suyos, claro sin tener contacto con otras culturas.                                                                                                                                          Hasta que un día la madre de un joven pescador enfermo. Las curanderas del lugar intentaron de mil formas de encontrar una cura para esta desdicha mujer  que cada día su salud empeoraba notablemente.
 —Lamento que tengas que pasar por esto Samin-dijo entristecido amigo del pescador—…mejor deberías dejarle… ya sabes, descansar.
— ¡Tu también Sayri! Todo los del pueblo piensan igual, que la única solución es que ella fallezca—expreso exaltadamente –sin haber pensado que afuera de estas tierras hubiera otras civilizaciones con remedios que pudieran curar a mi enferma madre.
—Eso solo es un cuento ficticio, ¿no escuchaste al maestro?
— ¿Y si es cierto? Nunca te dio la curiosidad de llegar  hacia las líneas que nuestros ojos pueden ver.
­—El gran Jefe puede enojarse si se entera de tus planes—advirtió Sayri
—Sí, lo sé pero es el riesgo que pienso tomar.
— ¿Y cuando parte? Yo también quiero ir contigo—pidió el amigo
—No lo sé muy bien… ¿No eras tú el que no creía en la “historias ficticias”?.
—Sí, pero uno de los dos tiene que ser la conciencia, más seria emocionante ver qué hay además de este lugar.
­—Solo tienes que jurarme que cuando salgamos de aquí no hay marcha atrás —advirtió Samin
—Lo juro—así fue como un apretón de manos dio por hecho este pacto.
Ambos jóvenes en una mañana como cualquiera (sin que nadie supiera), salieron con provisiones y además utensilios que necesitarían para su travesía desconocida.
—Samin ¿cómo sabremos qué camino tomar cuando regresemos?—pregunto el amigo del pescador.
—Tengo una idea—Vio a unas rocas que permanecían regadas por todo el lugar —mmm podemos dejar unas marcas con los pigmentos que tienes en tu alforja—dijo Samin

Al pasar las horas los pigmentos se habían acabado y lo que les quedaba era remover las piedras haciendo a un lado dando la apariencia de una línea.
Cuando se sitian morir por el cansancio, a lo lejos vieron construcciones de piedra  y paja, caminaron sigilosamente atrás de los arbustos y pensaron rápido por donde podían ingresar sin ser visto. Su idea era confundirse entre la gente del lugar, pero sus vestimentas eran muy diferentes a los que ellos usaban.
Hasta que alguien había tocado su hombro —Hola —saludo la chica lugareña en su idioma, Sayri y Samin tragaron saliva rápidamente pensando que habían sido descubiertos por algún guardia.
Lo primero que se le ocurrió Sayri fue decir: —Venimos en Paz — mientras hacía unos gestos para que la chica comprendiera, pero solo hacia reír a la risueña joven  que además lo imitaba.
—Sayri para de hacer eso —ordeno el pescador  —Yo me llamo Samin y el es mi amigo Sayri y venimos de muy lejos —dijo lentamente silabando cada palabra.
—Los entiendo perfectamente, no es necesario esas cosas que hacen ustedes­ — Ambos chicos casi se le cae la quijada de puro asombro — Me llamo Killa ¿Y en que le puedo ser útil?
Samin después de salir de su estado de asombro le explico a Killa que necesitaban  algún remedio para los síntomas que padecía su madre, al ser hija de una curandera, había oído alguien más con esas dolencias pero el remedio eran las hojas y tallos de una extraña planta que crecía en lo alto de una montaña que ella solo conocía.
Y así fue como Killa se les unió en su travesía, caminaron por días pasando por cada pueblo, conociendo todo tipo de personas gracias a la joven que sin miedo hablaba a los lugareños, claro sin dejar de señalizar por donde iban.
Samin se formulaba preguntas en su mente « ¿Cómo sabe tantas lenguas? », pensó el.
Pero nunca recibía respuesta de ella porque siempre era interrumpida por alguna cosa que pasase en el momento, llego un tiempo que dejo insistir y se concentrarse en lo que si importaba: llegar a la montaña
Después de tanto tiempo llegaron a la cumbre de dicha montaña; cortaron de la planta  lo suficiente para  el remedio, cuando disponían dar le las gracias a Killa, ella ya no estaba.
Una ráfaga de aire paso por su delante y luego se oyó la voz de Killa: “Gracias por unir culturas, el hijo del sol vendrá cuando menos lo piensen”
Años después el imperio incaico se establecía en casi  toda Sudamérica.

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